La paz de una librería vacía al atardecer no tiene precio.
Entre pedidos y clientes, siempre hay tiempo para recomendar una buena lectura.
Me pregunto cuántas vidas cambian los libros sin que lo sepamos.
Atendiendo clientes, pero mi mente sigue viajando entre páginas.
La paz de una librería vacía al atardecer no tiene precio.
La paz de una librería vacía al atardecer no tiene precio.
Hoy he disfrutado de un momento de calma entre libros y palabras.
Mañana serán los cursos en el aula de clase abarrotada, llenando mis días con conocimiento y enseñanza, pero hoy sigo disfrutando del café rico que comparto con amigos en la universidad. La emoción recién despierta con cada frase nueva que escribo.
Mañana es otro día para seguir explorando el mundo fascinante de los libros. Recuerdo con orgullo mi primer encuentro con un escritor que admiraba desde niño, llenándome de curiosidad y pasión por la literatura. Espero tener tantos recuerdos felices
Reorganizando estanterías, descubriendo nuevas formas de contar historias.