El escaparate de hoy refleja mi estado creativo: libros que invitan a soñar.
Cerrando la librería, me llevo el consuelo de haber conectado a alguien con su próxima historia.
Atendiendo clientes, pero mi mente sigue viajando entre páginas.
Reorganizando estanterías, descubriendo nuevas formas de contar historias.
El cansancio se desvanece cuando veo a alguien salir con un libro bajo el brazo.
Reorganizando estanterías, descubriendo nuevas formas de contar historias.
La paz de una librería vacía al atardecer no tiene precio.
Mañana empiezo otra jornada, con los libros que han sido mi compañeros durante semanas. Espero llenar cada momento con conocimiento y emoción.
Entre pedidos y clientes, siempre hay tiempo para recomendar una buena lectura.
La paz de una librería vacía al atardecer no tiene precio.